Not all those who wander are lost
2018 | Real Jardín Botánico de Madrid, organizado por Travesía Cuatro | Madrid, SP

La función de una columna es generar apoyo constructivo; esto permite que un edificio pueda mantener su estructura. Actualmente existen columnas que no realizan esta función utilitaria, pueden ser encontradas en casas suburbanas pre-fabricadas, hechas con plástico y tablaroca. Son decorativas y huecas. Transmiten un mensaje simple: “lujo” y “permanencia”. Diversas culturas construyeron tótems con un propósito espiritual y religioso. La acumulación de símbolos a manera de objetos concretos acomodados en configuraciones verticales. Esto implicaba que todo debía de “ascender” eventualmente, todos los seres se encontraban en la necesidad de aspirar a las alturas. Los seres humanos debían de imitar estos patrones y dar forma a sus comportamientos en base a este orden ascendente. En su texto seminal Totem und Tabu, Freud explica que estos objetos funcionan como recordatorios y advertencias materiales, y también están habitados por seres inmateriales, lo cual implica una clara contradicción para la mente occidental. Los tótems fueron destruidos o recluidos a las salas de museos; las columnas eventualmente fueron transformadas a pedestales y a peanas. Paradójicamente estos elementos arquitectónicos clásicos pasaron de ser parte de los edificios mismos a funcionar como un espacio de transición entre el objeto escultórico y el espacio arquitectónico.

Constantin Brancusi fue uno de los primeros artistas que mezclaron el objeto escultórico con su pedestal. Dentro de sus esculturas podemos encontrar una empatía material sin precedentes, cada material se convierte en un mensaje concreto, acumulándose en disposiciones verticales; Brancusi revive el orden espiritual ascendente tan recurrente en la antigüedad. Con su Columna Infinita en Târgu Jiu, Rumanía, materializó la idea de axis mundi. Un proyecto poco conocido de Brancusi fue la recreación de su Columna Infinita pero a la manera de un rascacielos habitacional de 400 metros de alto, este edificio que nunca fue construido, habría estado ubicado en Chicago, a las orillas del Lago Michigan. Esta columna residencial se alzaría hacia el cielo y se reflejaría simultáneamente en las profundidades del lago. Brancusi también propuso la construcción de un templo con la misma forma y disposición, estaría ubicado en Indore, India. Si estos proyectos se hubieran completado, Brancusi hubiera conseguido un método modular para conectar cielo y tierra.

Todas estas intuiciones están presentes en esta exposición de Jose Dávila, una glipoteca acumulativa es desplegada dentro del Pabellón Villanueva en el Real Jardín Botánico de Madrid. Esta instalación sintetiza los elementos recurrentes presentes en el lenguaje escultórico en la historia del arte occidental. William S. Burroughs y Brion Gysin desarrollaron y utilizaron la técnica del cut-up para crear nuevos escritos utilizando textos recortados y reacomodados. Dávila utiliza un método similar para crear estas composiciones verticales que mezclan el uso de materiales orgánicos e industriales, elementos minimalistas y clásicos; objetos encontrados y materiales de construcción. Con una libertad poética radical activada por la técnica, estas columnas-totems-monumentos condensan las aspiraciones y las intenciones que han permeado la práctica escultórica a lo largo de la historia.